Ocio Urbano
Adalberto Torres
11 de julio de 2011
378 pasos
Como a mucha gente, a mí también me gusta cantar, no me considero una persona con buena voz para hacerlo, sin embargo canto cada vez que puedo, donde sea y con quien sea.
Ya es una costumbre para mí al salir de la oficina para ir a comer el ponerme los audífonos y reproducir una canción en mi teléfono celular para ir cantando durante el trayecto que recorro hacia mi vehículo; mi camino está flanqueado por restaurantes, tienditas, despachos, paleterías y demás negocios sin importarme que sus clientes me escuchen, a final de cuentas yo no los escucho a ellos.
Cierta vez, escuchaba una canción que en particular me pone de buenas y siempre origina una sonrisa en mi rostro, yo la entonaba y caminaba al mismo tiempo cuando al pasar por uno de esos restaurantes que se encuentran a mi paso alcancé a ver a un par de ancianas que me seguían con la vista, una de ellas, sin decirme nada, me llamó con los ojos.
Detuve mi marcha, me quité el audífono de la oreja derecha y le devolví la sonrisa, ella alzó su mano invitándome a que me acercara y así lo hice: -le comentaba a mi amiga que las veces que te he visto pasar por aquí ha sido cantando- me dijo, su amiga hizo un gesto de afirmación y en seguida puso su mirada en mi rostro. –Y además sonríes- agregó.
Les expliqué que los 378 pasos (contados) que doy desde mi oficina hasta mi camioneta los utilizo para distraer mi mente y me gusta hacerlo con música. Expliqué también que mi gusto por ella es inmenso y que según mi estado de ánimo pongo una u otra canción de tal o cual artista. En este punto, las dos lindas ancianas me escuchaban atentas, ambas disimulando un esbozo de sonrisa en sus labios.
Apenado al ver que había hecho una confesión íntima, traté de recobrar mi marcha pero una de ellas me tomó por el brazo y me preguntó mi edad, -29 respondí- sin saber a dónde quería llegar mi entrevistadora. -Eres joven, me dijo, pero tienes un corazón maduro, sabes apreciar la belleza de la vida, sin descuidar tus obligaciones, tienes la capacidad de sentir, eso es algo inusual hoy en día, y finalmente ¡sabes cantar!
No sé cantar, no tengo buena voz, repliqué. No es necesario tener una bonita voz para cantar, respondió, el canto más lindo de una persona es cuando lo hace su corazón y no su voz. Sentí que en la garganta se me hacía un nudo, agradecí sus palabras y me despedí. Las dos ancianas volvieron a sus platillos y yo a mi camino. No volví a cantar hasta que subí a mi camioneta, me quedé pensando en lo que recién había pasado y sonreí, agradecí ese encuentro y prendí el estéreo. Cuando menos me di cuenta, estaba cantando de nueva cuenta, en la avenida San Fernando, en un semáforo y con un vecino de auto viéndome con cara de extrañado.
Tintero ajeno
“Cantar es una forma de escapar. Es otro mundo”.
Edith Piaf.
Twitter
@AdalbertoTorres
"Mi canto no es de aqui es de mucho más adentro... Donde vive la libertad, tierra de la identidad, tradición y pensamiento... Es transmisor de un mensaje plagado de humanidad, es mi vocación, mi viaje, camino a la eternidad."
ResponderEliminarLa música reside en el corazón. La vida es la canción que Dios canta desde su corazón, y cuando termina, volvemos a él.
Me recordaste a mi abuelo, músico por convicción, que nos transmitió a mis hermanos y a mí esa pasión por cantar, por la música, por transmitir en cada frase lo que somos.
Excelente texto, está muy padre. Y de tu abuelo, ¿qué decir? sólo el que es músico de corazón entiende disfruta lo esencial de esta vida...
ResponderEliminarNo me gusta cantar pero sí la buena música. Te felicito por escribir de esta manera lo que te apasiona y emociona.
ResponderEliminarMuchas gracias Miguel, creo que no tendría sentido que escribiera de temas que como tú bien mencionas me apasionan y emocionan. Coincidimos en el gusto por la buena música, sin lugar a dudas. Saludos.
ResponderEliminar