Ocio Urbano
Adalberto Torres
16 de mayo de 2011
Soldadito Marinero
Voy manejando por las calles de Colima, esquivo uno que otro bache y escalo uno que otro tope; es viernes por la noche y necesito alejar la mente de todo lo relacionado al trabajo. Subo los vidrios y conecto la llave USB a mi estéreo. Mi fin de semana acaba de comenzar.
Examinando carpeta por carpeta en mi USB, selecciono una que por alguna extraña razón dejé de escucharla y creo conveniente darle una oportunidad para que satisfaga mi hambre musical. Es la carpeta marcada como Andrés Calamaro.
Comienza la melodía con el clásico ritmo de cumbia argentina y la voz aguardentosa de Calamaro comienza a decir “Si alguna vez no me vuelven a ver, porque a mi como a todos se me olvida, algo va a quedar adentro tuyo siempre, algo que yo te deje alguna vez”. Adelanto la canción porque, aunque es una de mis favoritas, no me da lo que busco en este momento. Hoy me encuentro más exigente que de costumbre.
En seguida comienza Para no olvidar, la cual dice: “De un tiempo perdido a esta parte esta noche ha venido un recuerdo encontrado para quedarse conmigo”. Tampoco me llena, son canciones que he cantado más de la cuenta, reflexiono en ese momento. Creo que he explotado indiscriminadamente la discografía de Andrés, reflexiono.
Picándole repetidamente al estéreo adelanto las canciones hasta la número 19; Paloma, la dejo seguir porque dice una frase con la que me identifico: “le dije a mi corazón, sin gloria pero sin pena, no cometas el crimen, varón, si no vas a cumplir la condena”.
Ya van tres canciones que entono mientras manejo y la garganta comienza a sentirlo, antes de que termine Paloma me estaciono en una tienda para comprar una cerveza, que para este calor, realmente se antoja. Cuando regreso a mi camioneta me doy cuenta que dejé encendido el estéreo y la canción número 20 ya se ha terminado. Comienza la número 21.
Una batería comienza a sonar en lo que parece una versión en concierto, una guitarra la acompaña con requintos deliciosamente interpretados, una voz desconocida para mí comienza a cantar: “Él camina despacito que las prisas no son buenas, en su brazo dobladita, con cuidado la chaqueta, luego pasa por la calle dónde los chavales juegan, él también quiso ser niño pero le pilló la guerra”. Estoy confundido, no sé quién está cantando, pero esta letra me ha cautivado. Detengo mi marcha.
Trato de averiguar cuál artista es pero no consigo hacerlo, en mi estéreo sólo aparece “Fito…”. Fito Paéz no puede ser, pienso, ésa no es su voz. Regreso la canción y escucho atento la letra:
Él camina despacito que las prisas no son buenas
En su brazo dobladita, con cuidado la chaqueta
Luego pasa por la calle dónde los chavales juegan
Él también quiso ser niño pero le pilló la guerra.
Soldadito marinero conociste a una sirena
de esas que dicen te quiero si ven la cartera llena.
Escogiste a la más guapa y a la menos buena.
Sin saber como ha venido te ha cogido la tormenta
Él quería cruzar los mares y olvidar a su sirena
la verdad, no fue difícil cuando conoció a Mariela
que tenía los ojos verdes y un negocio entre las piernas
hay que ver que puntería, no te arrimas a una buena.
Soldadito marinero conociste a una sirena
de esas que dicen te quiero si ven la cartera llena.
Escogiste a la más guapa y a la menos buena.
Sin saber como ha venido te ha cogido la tormenta.
Después de un invierno malo, una mala primavera
dime por qué estas buscando una lágrima en la arena.
Trago saliva, seco una que otra lágrima que seguramente cayó por el peso de alguna pena guardada en mi corazón, le doy un trago a mi cerveza, enciendo mi camioneta y trato de alejarme del lugar donde minutos antes estuve escuchando la canción. Mi corazón late fuerte, mis manos sudan, la noche ha cambiado de color.
Mientras me pierdo en los empedrados de Colima, tratando inconscientemente de esconderme de la vida, me doy cuenta que mi corazón ha sufrido de más durante mucho tiempo, que pocas melodías lo hacen perder la cordura pero ésta ha logrado desestabilizarlo. ¿Me pregunto por qué? Vuelvo a escuchar la melodía y doy con la respuesta, en dos frases.
Vuelvo a apretar los dientes, no sé si de rabia o para evitar que brote una lágrima más, enfoco mi vista en el camino de piedra y me reprocho el haber escogido a la más guapa y a la menos buena. ¡Ay, Adalberto, hay que ver que puntería, no te arrimas a una buena!
TINTERO AJENO
“La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón”.
Magdalena Martínez.