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lunes, 25 de abril de 2011

Ipso facto


Ocio Urbano
Adalberto Torres González
25 de abril de 2011

Ipso facto

Un tipo gordo, con playera por fuera del pantalón y lentes oscuros está amurallado contra las cadenas del lugar, sus brazos están cruzados la mayoría del tiempo, sólo los desdobla para reacomodarse los anteojos que, por la falta de luz solar, me parecen una exageración en su atuendo.

Del otro lado de las cadenas, un sin fin de adolescentes claman la atención de aquel sudoroso y enorme ser, que con despectivos gestos dignos sólo de la realeza, los ignora y los desvanece de su vista. Él en este momento tiene el poder absoluto del destino de aquellos diminutos seres del otro lado de la valla.

Los gritos de jovencitos y jovencitas no tardan en aparecer; “tengo reservación”, “somos tres nomás”, “oye, venimos desde Monterrey”, hasta el punto en que tanto alarido se convierte en uno sólo, el cual, estoy seguro que no molesta en lo absoluto a tan ególatra ser del otro lado de las cadenas.

De repente, sin avisar a nadie, un espécimen mucho más pequeño que el anterior aparece ente nosotros, es un tanto mayor en edad que el primero y parece que su estatura compensa el poder que recae en él. “Diles que nadie va a pasar hasta dentro de una hora”, le dice al primer tipo al más puro estilo de “te lo digo Juan, pa´que escuches Pedro”.

En ese momento los alaridos cesan, como si una mordaza los cubriera a todos por la boca, el tiempo se detuvo y los ahí reunidos se dieron tiempo para tragar amarga saliva, por un momento se sintió calma en el lugar, hasta que un grito rompe el silencio: “yo llevo una hora aquí”, seguido de otro que escribirlo aquí hasta a mí me causaría vergüenza.

Entre la multitud, la mayoría muy jovencitos, observo a alguien que rebasa el promedio de edad de los que ahí se encuentran, me llama la atención verlo parado, sin decir palabra alguna, sólo observando. Lleva más de quince minutos y no ha hecho un solo gesto o articulado palabra alguna para poder ingresar a ese lugar, es paciente, está analizando la situación. Pronto hará algo.

De repente, las cadenas del lugar son levantadas por los enormes brazos seguramente engordados por tanta fritanga que consume por las madrugadas aquel patético ser, cuyo única satisfacción es negar tajantemente la entrada a turistas que, además de gastar su dinero, deben esperar más de una hora para poder ingresar a un lugar caliente, con una infraestructura insuficiente y un servicio que deja mucho qué desear. Da el paso a 13 personas y al bajar nuevamente las cadenas se disculpa con la frase “ellos son de casa”.

Ante esta situación, el que yo observaba que permanecía tranquilo, da un paso al frente y le dice algo al oído al “vigilante” de aquél lugar, dura alrededor de 30 segundos en comentarle algo que parece haber penetrado en el cerebro de tan decadente ser quien ipso facto levanta la muralla de cadenas y permite la entrada a tan callado personaje.

Nunca sabré lo que le dijo uno al otro, y sí, los demás tuvimos que esperar otra media hora más para entrar al lugar, pero algo si me quedó muy claro; “calladito te ves más bonito”.
                                         
TINTERO AJENO

“En nuestro bar, la música suena distinta que en otro bar.
Y no ni quiero ni hablar, de las niñas que te puedes ligar.
En este bar todos somos amigos de verdad.
¡No lo pienses más! visita nuestro bar”.

Hombres G, 1986.

lunes, 18 de abril de 2011

Hermosa amante


Ocio urbano
Adalberto Torres González
18 de abril de 2011

Hermosa amante

Como un enorme y hermoso reflector natural, la luna iluminó el cielo colimense anoche. El lienzo estrellado fue el escenario perfecto para que el gran astro mostrara su belleza y así cautivar a los que por largo tiempo la contemplamos embelesados.

Hermosa combinación la que el universo le regaló al que escribe estas líneas al contemplar tan esplendoroso espectáculo aderezado con el sonido de las olas del mar rompiendo a lo lejos para acercarse sigilosas a la arena vigilada por la luna. Enorme, redonda, misteriosa, así se dejó ver ayer.

Traviesa como una niña, maliciosa como una amante inoportuna, desplazándose por el telar estrellado, el bello astro mostró una mágica sonrisa que invitaba a todos a convertirnos en hombres lobo al servicio de sus caprichos, hacedores de cualquier petición que en ese momento ella demandara, cautivados cumpliríamos cualquier exageración.

Momento sublime el que vivimos algunos, que cobijados bajo las estrellas, con la complicidad de la noche, pudimos tener un fugaz romance con tan bello ser.

Salió, se paseó y se retiró. Sencilla, fugaz, hermosa. La luna de anoche no fue como la de siempre, la luna de anoche fue especial, la luna de anoche fue mágica, la luna de anoche ya no volverá.

Afortunados los que la disfrutamos, los que la amamos, los que la reverenciamos. Hermosa luna llena, no vuelvas a aparecer a menos que sea para siempre cobijar nuestros sueños…

TINTERO AJENO

“En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna”.

Gustavo Adolfo Bécquer.

martes, 12 de abril de 2011

No Vencerás


Ocio urbano
Adalberto Torres González
11 de abril de 2011

No vencerás

Poco hay que decir sobre este tema, salvo que se merece todo mi desprecio. No habrá ninguna persona que debata mis palabras, nadie contradirá mis líneas y absolutamente nadie debatirá lo que aquí afirmo, y si es así, lo reto; saldrá perdiendo.

Inhumano, cruel, desalmado, monstruoso, brutal, atroz y bárbaro son comunes denominadores del llamado cáncer; un mal desgraciado que arrasa con lo más precioso que un ser humano puede tener; los seres queridos.

No analizaré los diferentes tipos de cáncer ni pretendo ser un erudito en el tema, es más, prefiero saber cada vez menos, con tal de no alimentar el creciente desprecio que ya siento por él.

Más de dos años mi familia y yo hemos coexistido con este mal, y nunca había escrito al respecto, pero hoy eso terminó. Te digo a ti, mal del demonio, que no nos vencerás, no podrás con nosotros porque no peleas contra uno sólo, sino con todos los que conformamos esta familia. Te digo a ti que este espíritu familiar puede más que tus sonsos altibajos, que este corazón que reza todas las noches no podrá ser quebrantado. Te digo a ti que perderás.

Ha sido difícil aceptar tu presencia, la primera vez que nos esteramos que habías llegado nos derrumbaste, no lo niego, y así nos mantuviste durante un corto, pero inerte lapso de tiempo. Tiempo en el que tuvimos que seleccionar una estrategia, como quien emprende la marcha hacia una batalla desconocida.

Nos preparamos, te estudiamos, vimos tus fortalezas y conocimos tus debilidades, en el camino encontramos gente que ya te conocía y nos regaló su tiempo, conocimiento y aliento para enfrentarte. Supimos pues, mantener la calma para poder luchar contra ti.

Recolectamos las armas que en otros momentos y circunstancias te habían derrotado, sin saber si funcionarían esta vez. Te has resistido, pero no lo suficiente. Te estamos venciendo.

En el camino conocimos gente maravillosa que se ha unido –sin ser su obligación- a esta lucha, ellos, cual ángeles de guerra, se han atrincherado en nuestro cuartel y día a día planeamos las estrategias de combate que sé surgirán efecto muy pronto.

No hay nada bueno en ti, y no permitiré que digas que es por ti que hemos conocido gente excepcional, o que es por ti que esta familia se ha unido, no, no lo permitiré, porque no es debido a ti, sino al corazón bueno de las personas que tienen como objetivo sólo una cosa; vencerte.

Disfruta tu estancia, mal del demonio, porque no te queda mucho aquí, Disfruta lo que te queda de tiempo, porque te irás para siempre y nunca más volverás.

TINTERO AJENO

"Hay momentos en los que un hombre tiene que luchar, y hay momentos en los que debe aceptar que ha perdido su destino, que el barco ha zarpado y que sólo un tonto seguiría insistiendo. Lo cierto es que yo siempre he sido un tonto".

Película Big Fish (2003), de Tim Burton.

martes, 5 de abril de 2011

Una mano que te ayude


Ocio Urbano
Adalberto Torres González
4 de abril de 2011


Una mano que te ayude

Veo cómo un padre ayuda a su pequeño hijo a cruzar la calle, el infante apenas camina y su progenitor lo alienta a continuar el paso. Bien estudiados, lentos pero con seguridad, los pasitos que da el niño van abriéndose camino sobre el concreto que a esta hora del día está como sartén sobre la estufa.

Al llegar a la mitad del trayecto, el niño tropieza y cae al suelo intempestivamente, el padre lo mira con tranquilidad y extendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse (no para levantarlo él) le dice, “¿Qué pasó, mi´jo? ¡Véngase, ándele!

El pequeñito, con cara de querer comprender lo que pasó, mira a su padre y en lo que parece un rostro apunto de llorar, libera una gran sonrisa para después levantarse por sí solo y continuar su caminata.

Al llegar a la siguiente esquina, la madre, que había sido testigo de lo ocurrido se hincó para estar a la altura del pequeño y agarrándolo de sus diminutos hombros, con una gran sonrisa en su semblante le preguntó si se encontraba bien, el niño asintió y los tres desaparecieron por alguna de las calles del centro de Colima.

Tal situación me hizo reflexionar sobre la importancia de brindarles seguridad a los hijos desde su infancia, prepararlos para que sepan que una caída no es el fin del mundo y que cada problema que se presenta es una oportunidad para mejorar, para crecer, para madurar.

Por lo general, cuando “caemos”, el mundo se encoje y es tal la sensación que sentimos que hasta nos aprieta. No debería ser así. Estamos predispuestos a “levantar” a los pequeños sin brindarles la oportunidad de que lo hagan por sí solos; lo cual es más valioso.

¿Cuántas veces hemos sentido que no podemos salir de un problema simplemente porque no tenemos quién nos ayude, cuando la solución la hemos tenido siempre nosotros mismos?  ¿Cuántos errores hemos dejado pasar, sin conocer realmente el potencial de aprendizaje que debió haber sido, sin descubrir realmente lo que ese problema nos quiere enseñar? ¿Cuántas veces hemos cometido el mismo error sin haber tratado si quiera de remediarlo?

Dice Paulo Coelho que las experiencias repetidas tienen una única finalidad: enseñarnos lo que no queremos aprender. No podemos darnos el lujo de desperdiciar cada oportunidad que la vida nos presente para ser mejores personas, mejores padres, mejores madres, mejores hijos, mejores alumnos, mejores trabajadores; “mejores pequeños aprendiendo a caminar”.

Si realmente le otorgáramos el debido valor a las cosas, personas o situaciones, nos daríamos cuenta que no es tan “imposible” lo que un problema nos demanda y que no es tan preocupante lo que una dificultad nos exige. Comprender que –como el padre del pequeño acompañó a su hijo durante su experiencia- nunca estaremos solos y siempre tendremos a nuestro lado personas que actuarán como rescatistas. Tenemos la capacidad para hacerlo, sólo debemos permitir al pequeño dentro de nosotros caer y levantarse por sí solo, sacudirse el polvo y desaparecer por las calles de la vida…

TINTERO AJENO

"Que tengas suertecita, que te conceda la vida, cada día, lo que mereces. Que no te falte de nada, que no te de la espalda la esperanza. Que encuentres el buen camino, que sea el tuyo y no el mío y si es el mismo, enséñamelo".

Enrique Bunbury