Ocio Urbano
Adalberto Torres González
6 de junio de 2011
La bolsa del periférico
Me cuenta una persona que participó en la construcción del tercer anillo periférico una anécdota que a continuación les comparto.
Llevaban ya varias semanas de trabajo en la obra y se encontraban aplanando el terreno que sería asfaltado, la máquina que estaba haciendo el trabajo, al pasar por una sección cercana a la avenida Venustiano Carranza, desenterró lo que resultó ser una bolsa de mujer.
Más tardó la máquina en descubrir aquél accesorio femenino que los trabajadores ahí congregados en escudriñarla. Al parecer el contenido no era muy valioso (solamente contenía una credencial sin foto, un pintalabios y un sobre con papeles varios)
Ante tal situación, los trabajadores decidieron utilizar la bolsa como “arma oficial para dar sopapos”, y así, durante casi todo el día, los trabajadores se dieron vuelo, sopapeando a diestra y siniestra con ese artículo.
El encargado de la obra, la misma persona que me contó esta historia, al ver que lejos de atender sus labores, los trabajadores invertían valioso tiempo en darse de sopapos, intervino cual director de escuela a sus alumnos berrinchudos, les quitó el “arma” y la colgó en la rama de un árbol, mandando a cada uno de los “regañados” a terminar sus respectivas tareas.
Cuenta mi fuente que más tardó en darse vuelta que en lo que la bolsa era usada nuevamente como artículo para dar sopapos, al ver esto, decidió volver a decomisar aquella inusual arma y guardarla en su automóvil, claro, con los seguros puestos.
Cuando regresó a su oficina, bajó la bolsa, la puso sobre su escritorio y se dedicó a terminar su labor. Cuenta mi amigo que en esa época él estaba por de más preocupado porque, y entre otras cosas, la temporada navideña se acercaba y como recién casado, pasaba una etapa económica un tanto difícil, a tal grado de pensar en empeñar algunos artículos de su hogar para poder brindarle a su familia la navidad merecían.
Recuerda mi “informante” que al terminar su trabajo miró la bolsa; estaba enmohecida por el tiempo que duró enterrada, completamente desgastada y su belleza había desaparecido, además, las golpizas a la que fue sometida no habían colaborado para mejorar su aspecto. La agarró y la inspeccionó detenidamente, miró en su interior y parecía no contener absolutamente nada, vio algo que parecía un cierre, como un escondite, lo abrió y vio una servilleta hecha bola, sucia y arrugada. Cuando vio lo que la servilleta contenía se sorprendió mucho.
5,550 pesos era lo que, entre billetes de 500, 200 y 50, guardaba dicha servilleta. Mi amigo se preguntó si habría alguna forma de devolver ese dinero, pensó en anunciar el hallazgo en los periódicos, pero después creyó que sería complicado encontrar al verdadero dueño, supuso que se presentarían muchos gandallas reclamando algo que no les pertenecía.
Tras unos días de pensar qué hacer con el dinero, lo dejó a la suerte. Publicó un anuncio donde mencionaba que había encontrado una bolsa de mujer y que la interesada debía dar santo y seña de la forma, el color y del contenido de dicho articulo. Nadie llamó.
Recuerda la persona que me contó esto que se sintió aliviado porque nadie había reclamado el jugoso botín, pero que también se sintió contento de haber hecho lo correcto al tratar de encontrar a su dueña. “Me hubiera gustado que cuando se me perdió, en meses pasados mi cartera, alguien hubiera tratado de devolvérmela”, comenta.
Está de más decirles que esa navidad fue muy especial para la familia de mi amigo porque tuvo el dinero suficiente para regalarles a su esposa y su pequeña hija los regalos que de cualquier otra manera no hubiera podido obsequiarles.
TINTERO AJENO
“¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!”
No hay comentarios:
Publicar un comentario